martes, 20 de julio de 2010

La motivación docente y su influencia


La tarea de enseñar requiere que el docente posea la adecuada formación y capacitación pedagogía correspondiente, de manera tal que su labor e interacción con los alumnos resulta beneficiosa en ambos lados. Lamentablemente, muchas veces los docentes no poseen un adecuado método de enseñanza y peor aún, no poseen ni aplican adecuadas situaciones motivadores, lo que influye de sobre manera en los aprendizajes de sus alumnos.
La motivación resulta así, imprescindible en toda acto de enseñanza aprendizaje. La práctica pre profesional y la revisión de bibliografía sobre el tema,; nos permite establecer que la mayor parte de los problemas en los aprendizajes de los escolares, es el resultado de la falta e inadecuada motivación por parte del docente. Así, el alumno se desmotiva, ya sea por la personalidad del docente, su comportamiento autoritario, por la ausencia de material didáctico, por un inadecuado método de enseñanza, e incluso, muchas veces la falta de motivación proviene desde la esfera familiar del educando. Nosotros nos interesamos por estudiar la motivación desde la óptica del docente.

El Aislamiento Profesional en la Docencia


Desde siempre se ha dicho que la docencia es una profesión solitaria. Lortie (1975) describe a esta soledad como un aislamiento a la cual son sometidos los docentes en las escuelas. "El aislamiento profesional de los maestros limita su acceso a ideas nuevas y soluciones mejores, hace que el cansancio se acumule interiormente.... genera conservadurismo y resistencia a la innovación educativa. (Citado por Fullan, 1999: 23).
El problema del aislamiento tiene raíces profundas, genera un cansancio y desgaste interno en lo personal, por lo cual el docente se encierra en su mismo realizando un trabajo individualista.
Las prácticas individualistas arraigadas en muchos centros, es una expresión muy ligada al léxico escolar tradicional. Este aislamiento produce atrofia profesional y dificulta la coordinación en una organización ya de por sí articulada de forma débil.
El profesor, por consiguiente, no suele tener suficientes patrones inmediatos de referencia con relación a si su trabajo se desarrolla o no de forma correcta. Este suceso dificulta el control y regulación general de las tareas de todos los docentes y origina incertidumbre en ellos. Las directrices, los acuerdos o los principios institucionales, aunque aparentemente admitidos por todos, en último extremo deben desarrollarse mediante acciones individuales cada uno en su lugar de trabajo; este hecho puede dar lugar a que los profesores las interpreten de formas diferente y, si no existe un adecuado trabajo en equipo que sirva para supervisar y regular el trabajo de unos y otros, puedan aparecer prácticas educativas descoordinadas o contradictorias.

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